La historia se sitúa en una provincia del norte argentino, donde Fernando Rovira (Sbaraglia), ex juez federal y actual gobernador, debe navegar las aguas turbias de la política en un momento crítico de su mandato: una ley de explotación de litio está por votarse, una legislación que pone en tensión intereses económicos poderosos. En medio de esta coyuntura, su hija Zoe es secuestrada por su hombre de confianza, Román (Bassani), lo que desencadena una crisis personal y política. Con el correr de los actos se desvelan secretos familiares largamente guardados: el origen verdadero de Zoe, pactos ocultos, traiciones. Rovira tiene que decidir entre mantener su imagen y poder político o renunciar a ellos por proteger aquello que considera más precioso: su propia sangre.

Reparto:
Leonardo Sbaraglia cumple en el papel central de Fernando Rovira con solvencia: su personaje fluctúa entre la ambición, la culpa y el quebranto emocional. Gustavo Bassani, como Román, el hombre de confianza que traiciona de diversas formas, aporta una combinación de carisma, tensión y vulnerabilidad. Alejandra Flechner en el rol de Irene —la madre del gobernador, figura poderosa y sombra decisiva— sobresale por la intensidad y helada autoridad que imprime. Francesca Varela como Zoe ofrece la dimensión emocional más directa, el punto más vulnerable y humano del conflicto. El elenco secundario también colabora para sostener la atmósfera familiar / política de engaños y rivalidades.

Dirección:
Burman y Hodara procuran un ritmo contenido, adecuado para la estructura de tres actos. Visualmente, la miniserie aprovecha bien los paisajes del norte argentino, con escenarios áridos que refuerzan la sensación de aislamiento, tensión y poder geográfico/político.

Visual y técnica
La fotografía logra un equilibrio entre lo austero y lo dramático, resaltando las sombras, los espacios cerrados, los contrastes entre lo público (espacios del poder) y lo íntimo (la casa familiar, los encuentros clandestinos). La música y la edición contribuyen eficazmente al pulso de thriller: no hay muchas sorpresas musicales, pero sí momentos de tensión sostenida. En lo técnico, la ambientación (arte, vestuario, diseño de producción) tiene aciertos: los detalles políticos, los despachos, la ropa, los objetos de poder están bien trabajados.

Temas:
El poder político y la corrupción tras bambalinas, con negociaciones éticas comprometidas, compromisos oscuros. La “maldición” en el título sugiere no solo una sucesión biológica, sino una herencia de secretos, de afectos rotos, de obligaciones impuestas. Los personajes no son monolíticos; están cargados de contradicciones. Cosas que se aceptan en público no se aplican en privado, lo que conlleva consecuencias. La miniserie juega con lo que se conoce y lo que se oculta, con momentos de revelación que cambian la perspectiva de los personajes.
Se plantea un conflicto entre lo personal y lo político, ¿hasta dónde alguien sacrifica lo íntimo por lo institucional? ¿Qué tan responsables somos de lo que nos heredan o de lo que elegimos ocultar?

Crítica:
La propuesta es potente; combina bien el thriller político con el drama familiar, lo que le da capas de interés que trascienden la mera trama del secuestro. Con actuaciones destacadas de Sbaraglia, Flechner y Bassani ue crean personajes verosímiles que no caen en estereotipos fáciles. Es una producción cuidada con ambientación, fotografía, edición, diseño de arte bien logrados, lo que ayuda a sumergirse en la historia.
Ritmo eficaz, aunque breve; la miniserie no abusa de diálogos extendidos innecesarios, mantiene tensión, aunque con momentos en los que ciertas resoluciones se sienten apresuradas.
La adaptación introduce cambios respecto al libro (cambio de género del hijo/hija, cambio de ubicación, eliminación casi total del componente esotérico), lo cual puede molestar a quienes esperaban fidelidad o el matiz simbólico original.
Al estar comprimida en tres episodios, algunos personajes secundarios quedan algo apenas esbozados; se extraña un mayor desarrollo de ciertos vínculos que podrían haber enriquecido aún más el conflicto interno de los protagonistas.

Veredicto final
★★★☆☆ (3 de 5 estrellas)
Las maldiciones es una miniserie que, aunque breve, deja una huella poderosa. Es un thriller político con alma de drama familiar, que funciona bien como espejo del cinismo y de las trampas del poder, así como de las maldiciones invisibles que se transmiten en las familias: secretos, culpas omitidas, expectativas impuestas. Tiene actuaciones sólidas, dirección competente, estética cuidada, y logra generar tensión sin necesidad de artificios narrativos excesivos. Pero en conjunto, resulta una experiencia recomendable, especialmente para quienes gustan de historias que entrelazan lo personal y lo político, y quieran ver una serie argentina de calidad con producción, actuaciones y temática fuertes.

Año: 2025
Dirección: Daniel Burman y Martín Hodara
Plataforma: Netflix
Formato: Miniserie de 3 capítulos
País: Argentina
Reparto: Leonardo Sbaraglia, Gustavo Bassani, Alejandra Flechner, Monna Antonópulos, Francesca Varela, Osmar Núñez.
*Basada en la novela homónima de Claudia Piñeiro