El 13 de septiembre de 2025 la música perdió a uno de sus espíritus más libres: Hermeto Pascoal, “O Bruxo”, el hechicero que convirtió el mundo en un instrumento. Desde un silbido hasta el rugido del viento, todo en sus manos podía transformarse en melodía. Su partida deja un vacío, pero también un legado inagotable.

Infancia y revelación sonora

Nació en Lagoa da Canoa, Alagoas, en 1936. Su condición de albino lo obligó a crecer lejos del sol, pero cerca del misterio de los sonidos. El acordeón de su padre fue su primer juguete, pero muy pronto entendió que la música podía estar en el canto de un pájaro, en el choque de vasos, en el murmullo de la lluvia. Su destino estaba marcado: escuchar lo que nadie más escuchaba.

Canciones esenciales para entrar en su universo

Explorar la discografía de Hermeto es entrar a un bosque inabarcable. Sin embargo, hay piezas que funcionan como puertas de entrada a su cosmos sonoro:

“Bebê” (1973) – Una de sus composiciones más celebradas, pura vitalidad rítmica y melodía encantadora.

“Música das Nuvens e do Chão” (1977) – Donde el aire y la tierra se encuentran en un diálogo poético.

“Samba do Belaqua” (1979) – Un samba reinventado, lleno de humor y complejidad.

“Suite Norte, Sul, Leste, Oeste” (1991) – Una geografía musical que abarca todo Brasil y más allá.

“Pra Você, Ilza” (2024) – Su última gran entrega discográfica, dedicada a su esposa, mezcla de ternura y experimentación.

Cada una es una ventana: algunas deslumbran con improvisación frenética, otras acarician con melodías que parecen cantos de la naturaleza.

El alquimista de los encuentros

Hermeto no solo brillaba solo: su espíritu inquieto lo llevó a dialogar con otros gigantes. De esas colaboraciones nacieron duetos inolvidables:

Hermeto y Miles Davis – Grabaciones en 1971 para el álbum Live-Evil, donde Davis incluyó composiciones del brasileño.

Hermeto y Airto Moreira – Una alianza fraterna: en discos como Seeds on the Ground (1971) fundieron jazz, samba y locura rítmica.

Hermeto y Elis Regina – En televisión y grabaciones, conjugaron la dulzura de su voz con la exuberancia instrumental de él.

Hermeto y Egberto Gismonti – Encuentros entre dos exploradores de universos sonoros, siempre cargados de magia e improvisación.

Hermeto y Grupo Som da Aura – Su eterna familia musical, con quienes improvisaba sin red, haciendo de cada concierto un rito irrepetible.

Estos duetos no fueron simples colaboraciones: fueron experimentos alquímicos, diálogos sin traducción posible, pura música en estado salvaje.

El último acorde

Hermeto murió en Río de Janeiro tras complicaciones respiratorias. Pero hablar de muerte en su caso parece injusto: su música está demasiado viva, demasiado salvaje, como para apagarse.

Hermeto nos enseñó que todo puede ser música si aprendemos a escuchar. Que la libertad creativa es el verdadero lenguaje universal. Y que un hombre con un acordeón, una tetera y un corazón lleno de asombro puede reinventar el mundo.

Hoy, más que llorar su ausencia, queda abrir los oídos: quizás en el viento de esta tarde, en el goteo de la canilla o en el canto de un gorrión, esté sonando, otra vez, Hermeto.