Una nueva versión de «Las Amistades Peligrosas» (Les liaisons dangereuses) de Pierre Choderlos de Laclos.

Trama:
La serie narra los orígenes de Isabelle de Merteuil, una joven huérfana que tras una dolorosa traición por parte del vizconde de Valmont, decide tomar las riendas de su destino. Desde conventos hasta los salones más selectos de la alta sociedad parisina, Isabelle se ve empujada a convertirse en una figura poderosa: la marquesa de Merteuil. Bajo la tutela de la misteriosa Madame de Rosemonde, ella aprende los mecanismos de la seducción, la manipulación y el poder femenino. Su ascenso no solo es social, sino profundamente estratégico: Isabelle no busca solo venganza, sino también autonomía emocional y sexual en una sociedad que no le otorgaba casi ninguna.

Reparto:
El elenco es uno de los puntos más fuertes. Anamaria Vartolomei interpreta a la joven Merteuil con una mezcla de vulnerabilidad y calculada ambición, lo que permite ver un lado más humano y complejo del personaje literario. Diane Kruger, como Madame de Rosemonde, aporta una presencia autoritaria y maternal al mismo tiempo, guiando a Isabelle en su transformación. Vincent Lacoste da vida al ambivalente Valmont, mientras Lucas Bravo encarna al conde de Gercourt con oscuridad y matices de villano. El resto del reparto (Noée Abita, Fantine Harduin, Samuel Kircher) complementa muy bien la trama, trayendo otras piezas clásicas del universo de Las amistades peligrosas.

Dirección:
La dirección a cargo de Jessica Palud es elegante y muy medida. Palud logra balancear la fidelidad a la ambientación del siglo XVIII con una mirada contemporánea, especialmente en la forma de retratar a las mujeres y sus luchas interiores. Su trabajo en las escenas íntimas y los momentos de intriga social logra transmitir tensión sin caer en el melodrama excesivo, lo que aporta profundidad a los personajes. La serie funciona tanto como precuela de la novela clásica como reinterpretación moderna, lo que habla del acierto en la dirección para renovar un relato tan conocido.

Visual y técnica
Visualmente, la serie es un deleite: vestuarios cuidados, escenarios escénicos y palaciegos, así como locaciones auténticas en Francia (Val-d’Oise, Normandía) contribuyen a sumergir al espectador en la alta sociedad del siglo XVIII. La fotografía es luminosa cuando toca exhibir lujo o sociedad, y más sobria en momentos íntimos o de transición emocional. La cámara de una sola unidad (single-camera) aporta sensación cinematográfica. La música de Delphine Malausséna acompaña con sutileza, sin estridencias, apoyando los momentos de tensión y seducción.

Temas:
Poder y venganza: Isabelle no solo quiere justicia, sino poder sobre su propio destino.
Libertad emocional y sexual: en una época en la que las mujeres estaban muy limitadas, Merteuil busca liberarse a través de su inteligencia y su sexualidad.
Manipulación y seducción: la serie explora estas armas como estrategias de poder, tanto política como personal.
Género y desigualdad: se hace una lectura feminista del siglo XVIII, un poco al estilo de un “#MeToo” aristocrático, como han señalado las creadoras y el equipo.
Ambición social: el ascenso desde la marginalidad social hasta la nobleza, y la lucha por reconocimiento.
Identidad y transformación: Isabelle cambia no solo su estatus, sino su identidad interior a lo largo de la serie.

Crítica:
La marquesa de Merteuil es una apuesta audaz de HBO que no solo recicla un clásico literario —Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos— sino que lo reinterpreta desde una perspectiva moderna y más femenina. En este sentido, la serie funciona muy bien como precuela: no se limita a repetir la historia de Valmont y Merteuil, sino que profundiza en los orígenes y motiva­ciones de Isabelle, lo que aporta frescura y novedad.

La actuación de Vartolomei es especialmente destacable: su Merteuil es frágil y feroz, inteligente y herida. Kruger, por su parte, aporta una dualidad interesante como mentora y figura maternal, con una presencia que impone sin recurrir a la frialdad total. Las interpretaciones masculinas son más tradicionales, pero también cumplen su rol: Valmont no es solo seductor, sino traidor, y Gercourt es complejo, no un villano plano.

En cuanto a ritmo, la serie se toma su tiempo para desarrollar la trama: la venganza de Merteuil no es instantánea, y muchos episodios se dedican a construir relaciones, tensiones y alianzas. Esto puede resultar lento para algunos espectadores, especialmente los que esperaban una trama más rápida o ascendente desde el principio. Por otro lado, esa lentitud funciona muy bien para construir credibilidad en su mundo de intriga cortesana.

Uno de los puntos más valiosos es la forma en que la serie aborda la sexualidad y el poder. No es pornografía ni simple romanticismo: las escenas de seducción tienen un peso dramático, muestran consecuencias, manipulación, dolor y ambición. Además, el guion no idealiza la libertad: se explora el costo de la autonomía emocional, especialmente para una mujer en la Francia del siglo XVIII.

Técnicamente, la serie es impecable. La dirección de arte, vestuario, escenografía y fotografía evocan de manera creíble el París aristocrático. No se siente una “serie de época barata”: hay una producción muy cuidada que valida la inversión de HBO en material europeo. La música acompaña sin nunca robar protagonismo, y la dirección de Jessica Palud se siente coherente y madura, con una clara visión estética y feminista.

Sin embargo, la serie tiene algunas debilidades. Por un lado, al enfocarse tanto en la evolución de Merteuil, otros personajes clásicos quedan menos desarrollados o se sienten subutilizados. Además, el tono moral puede parecer ambiguo: no siempre se clarifica si la venganza de Merteuil está justificada o si su ambición la consume de forma trágica, lo cual puede frustrar a quienes busquen una condena moral más firme. Tampoco hay (al menos hasta ahora) grandes giros narrativos explosivos; la intriga política existe, pero no es el motor principal, lo que puede restar tensión para algunos espectadores.

Veredicto final
★★★★☆ (4 de 5 Spoilers)
La marquesa de Merteuil es una serie que merece la pena para cualquier amante del drama histórico, el poder femenino y las tramas de intriga y seducción. Gracias a una propuesta narrativa que reinterpreta un clásico literario con una voz moderna y empoderada, la producción cumple con creces. Actoralmente sólida, estéticamente cuidada y temáticamente rica, ofrece una mirada contemporánea sobre el deseo, la venganza y la autonomía emocional en una época dominada por la hipocresía y la rigidez social.
No es una serie para quienes busquen acción desenfrenada o giros explosivos en cada capítulo, pero sí para quienes disfrutan del desarrollo de personajes, de la construcción psicológica y de un drama elegante que pone en el centro la agencia de una mujer inteligente y ambiciosa.

Año: 2025
Dirección: Jessica Palud
Plataforma: HBO MAX
Formato: Serie de 6 capítulos.
País: Francia
Reparto: Anamaria Vartolomei, Diane Kruger, Vincent Lacoste, Lucas Bravo, Noée Abita, Fantine Harduin, Samuel Kircher.
*Basada en el libro «Las amistades peligrosas» (Les liaisons dangereuses) de Pierre Choderlos de Laclos.