Hay canciones que acompañan una película. Y hay canciones que se convierten en parte de su alma. «NeverEnding Story» pertenece a esta última categoría.
Desde los primeros acordes de sintetizador hasta la inolvidable voz de Limahl, la canción principal de La Historia Sin Fin (1984) logró algo que pocas bandas sonoras consiguen: transportar al espectador a otro mundo incluso antes de que aparezcan los créditos finales. Escucharla es volver a volar sobre el lomo de Fújur, atravesar las nubes de Fantasía y recordar una época en la que los libros podían abrir portales a universos infinitos.
Y justamente cuando parecía una obra anclada para siempre en la nostalgia de los años 80, el universo de La Historia Sin Fin vuelve a estar en el centro de la conversación. Una nueva adaptación cinematográfica se encuentra en desarrollo para 2026, con la intención de presentar la obra de Michael Ende a una nueva generación de espectadores. La noticia reavivó el interés por una historia que nunca dejó de emocionar y por la canción que la convirtió en un fenómeno cultural.
Detrás de este clásico se encontraban dos nombres fundamentales de la música de los años 80. Por un lado, Giorgio Moroder, el visionario productor italiano que revolucionó la música electrónica con sus sintetizadores y que ya había trabajado con artistas como Donna Summer. Por el otro, Keith Forsey, encargado de escribir una letra inspirada directamente en la historia de la película.
Las palabras de la canción no fueron elegidas al azar. Versos como «Rhymes that keep their secrets, will unfold behind the clouds» evocan perfectamente el viaje de Bastian, un niño que descubre que la fantasía puede ser tan real como el mundo que lo rodea. La canción no cuenta simplemente una historia: invita a cruzar la frontera entre la imaginación y la realidad.
Para interpretarla eligieron a Limahl, ex vocalista de Kajagoogoo, una de las figuras más reconocibles del pop británico de la época. Su voz le dio al tema un tono soñador y melancólico que terminó convirtiéndose en una marca registrada de la película. A su lado estuvo la cantante estadounidense Beth Anderson, quien aportó las voces femeninas del tema, aunque muchos fanáticos todavía creen erróneamente que se trató de otra artista debido a algunas apariciones en videoclips promocionales.
El éxito fue inmediato. La canción escaló en los rankings de todo el mundo y ayudó a consolidar a La Historia Sin Fin como uno de los grandes clásicos del cine fantástico de los años 80. Pero lo más sorprendente ocurrió décadas después.
Cuando parecía destinada a vivir únicamente en la memoria de quienes crecieron con la película, «NeverEnding Story» encontró una nueva generación de fanáticos gracias a la serie Stranger Things. En una de las escenas más recordadas de la tercera temporada, Dustin y Suzie interrumpen una situación crítica para cantar el tema completo. Lo que podría haber sido un simple guiño nostálgico terminó convirtiéndose en uno de los momentos más queridos de la serie.
De repente, millones de jóvenes descubrieron una canción nacida treinta y cinco años antes. Y quienes habían crecido con ella sintieron algo todavía más especial: comprobar que la magia seguía intacta.
Ahora, con una nueva versión cinematográfica en camino, la pregunta vuelve a cobrar fuerza: ¿qué lugar ocupará «NeverEnding Story» en esta nueva aventura? ¿Regresará el clásico de Limahl o una nueva generación tendrá su propia canción para entrar a Fantasía?
Quizás ese sea el verdadero significado de una historia sin fin. No una aventura que nunca termina, sino una que encuentra nuevas formas de seguir viva. En cada generación. En cada canción. En cada espectador que vuelve a creer, aunque sea por unos minutos, que los dragones de la suerte existen.
Y pocas canciones han sabido recordárnoslo mejor que «NeverEnding Story».
