El cine argentino despide a una de sus figuras más trascendentales: Luis Puenzo, director, guionista y productor, falleció hoy 21 de abril de 2026 en Buenos Aires a los 80 años. La noticia fue confirmada por entidades del sector y generó una fuerte conmoción en el ámbito cultural.

Luis Adalberto Puenzo nació el 19 de febrero de 1946 en Buenos Aires. Inició su carrera en la publicidad durante los años 60, donde desarrolló una sólida base narrativa antes de dar el salto al cine.

Su debut como director de largometrajes llegó en 1973 con Luces de mis zapatos, pero el reconocimiento internacional no tardaría en llegar. En 1985 dirigió y coescribió La historia oficial, película que marcaría un antes y un después en la cinematografía nacional.

Además de su carrera artística, tuvo un rol clave en la industria audiovisual argentina: participó en la redacción de la Ley de Cine, fue fundador de la Academia de Cine y presidió el INCAA entre 2019 y 2022.

Las películas más importantes de su carrera

  • La historia oficial (1985)
    Su obra más emblemática. Fue la primera película argentina (y latinoamericana) en ganar el Oscar a Mejor Película Extranjera. Aborda la apropiación de bebés durante la última dictadura y se convirtió en un símbolo de memoria y derechos humanos.
  • Gringo viejo (1989)
    Producción internacional basada en la novela de Carlos Fuentes, protagonizada por Jane Fonda y Gregory Peck.
  • La peste (1992)
    Adaptación de la obra de Albert Camus, con un elenco internacional que incluyó a William Hurt y Robert Duvall.
  • La puta y la ballena (2004)
    Un drama con Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón que mezcla historia, amor y memoria.
  • Infancias clandestinas (2011) (como productor)
    Otra obra clave sobre la dictadura argentina, reafirmando su compromiso con la memoria histórica.

Un legado imborrable

Puenzo no solo dejó películas: dejó una forma de entender el cine como herramienta de reflexión social. La historia oficial no solo ganó premios, sino que ayudó a visibilizar una de las heridas más profundas del país, convirtiéndose en una obra fundamental de la cultura argentina.

Su muerte marca el final de una era, pero su legado seguirá vivo en cada historia que se anime a contar lo que muchos prefieren olvidar.