El árbol genealógico del rock argentino: 10 discos fundamentales para entender su historia

El rock argentino no nació de un solo sonido, ni tuvo un único fundador. Se construyó a través de generaciones de músicos que se cruzaron, formaron bandas, produjeron discos, compartieron escenarios y, muchas veces, terminaron influyendo directamente en quienes llegaron después.

Desde la poesía de Luis Alberto Spinetta hasta la renovación de Charly García, pasando por Serú Girán, Los Abuelos de la Nada, Soda Stereo, Los Redondos, Fito Páez y Andrés Calamaro, existe una enorme red de conexiones que permite entender cómo el rock argentino desarrolló una identidad propia.

No se trata de un ranking, sino de 10 álbumes que permiten recorrer distintas ramas de ese árbol genealógico: desde fines de los 60 hasta los 90, del rock psicodélico al progresivo, del new wave al pop y de la canción de autor al sonido de estadio.


1. Almendra – Almendra (1969)

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Para empezar, hay que volver a Almendra, la banda formada por Luis Alberto Spinetta, Edelmiro Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García.

Publicado el 29 de noviembre de 1969, el álbum debut de la banda marcó un momento decisivo para el desarrollo del rock argentino y para la construcción de una canción de identidad rioplatense. Allí apareció una combinación novedosa de poesía, melodía, psicodelia y rock.

“Muchacha (ojos de papel)”, “Laura va”, “Figuración” y “Ana no duerme” quedaron como parte fundamental del cancionero argentino.

Y, sobre todo, Almendra dejó una figura central para todo lo que vendría después: Spinetta.


2. Pescado Rabioso – Artaud (1973)

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Cuatro años después de Almendra, Spinetta llevó su búsqueda todavía más lejos con Artaud.

Aunque aparece acreditado a Pescado Rabioso, el disco fue concebido prácticamente como una obra solista de Spinetta después de la disolución de la banda. Fue publicado en 1973 y tomó su nombre del poeta francés Antonin Artaud.

“Bajan”, “Cementerio Club”, “Todas las hojas son del viento” y “Cantata de puentes amarillos” muestran un Spinetta mucho más introspectivo, complejo y experimental.

El álbum también representa una de las conexiones más importantes del árbol del rock argentino: músicos que habían pasado por Almendra y Pescado Rabioso continuarían formando nuevas bandas y participando de proyectos que transformarían la escena.


3. Charly García – Clics modernos (1983)

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Si Spinetta representa una de las grandes raíces del rock argentino, Charly García es otra de sus ramas fundamentales.

Después de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán, Charly inició una nueva etapa solista que tuvo uno de sus puntos culminantes con Clics modernos, editado en 1983.

El álbum incorporó sonidos electrónicos, new wave y cajas de ritmos, alejándose del rock progresivo de sus trabajos anteriores. Fue concebido y grabado durante los últimos meses de la dictadura y quedó estrechamente asociado con el clima de transformación que acompañó el regreso de la democracia.

“Nos siguen pegando abajo”, “No me dejan salir”, “Los dinosaurios” y “Plateado sobre plateado” forman parte de un disco que modificó nuevamente el lenguaje del rock argentino.


4. Serú Girán – La grasa de las capitales (1979)

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Antes de convertirse en solista, Charly García había formado Serú Girán junto a David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro.

Su segundo álbum, La grasa de las capitales, apareció en 1979 y significó un cambio respecto del debut: las canciones eran más directas y los instrumentos adquirían mayor protagonismo, sin la orquestación del primer disco.

La canción que da título al álbum, “San Francisco y el lobo”, “Perro andaluz” y especialmente “Viernes 3AM” demostraron que el rock podía combinar sofisticación musical con canciones capaces de llegar a un público masivo.

Serú Girán también funcionó como un verdadero punto de encuentro de músicos que luego continuarían escribiendo capítulos fundamentales del rock argentino.


5. Los Abuelos de la Nada – Vasos y besos (1983)

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En 1983, mientras la Argentina recuperaba la democracia, Los Abuelos de la Nada encontraron una combinación explosiva de rock, reggae, pop y música latina.

Vasos y besos, segundo álbum de la banda liderada por Miguel Abuelo, fue publicado el 9 de diciembre de 1983, un día antes de la asunción de Raúl Alfonsín.

El disco tenía un ingrediente especialmente importante para este árbol genealógico: Andrés Calamaro.

Calamaro participó como tecladista y compositor y allí apareció “Mil horas”, una canción que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes clásicos del rock argentino.

También quedaron “Así es el calor”, “Chalaman”, “Sintonía americana” y “Yo soy tu bandera”.

Los Abuelos fueron además una verdadera cantera de músicos que después tendrían carreras propias.


6. Soda Stereo – Canción animal (1990)

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La siguiente gran rama del árbol conduce directamente a Gustavo Cerati.

Con Canción animal, publicado en agosto de 1990, Soda Stereo endureció su sonido y recuperó una energía más rockera, con guitarras eléctricas al frente. La producción estuvo a cargo de Cerati y Zeta Bosio.

“De música ligera”, “Canción animal”, “Entre caníbales”, “Un millón de años luz” y “Té para tres” convirtieron al álbum en uno de los grandes discos del rock argentino y latinoamericano.

Además, Soda Stereo terminó de demostrar que una banda argentina podía construir una carrera continental sin perder su identidad.


7. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota – Oktubre (1986)

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En otra rama del árbol aparece una banda con una identidad completamente diferente: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Oktubre, su segundo álbum, fue publicado el 4 de octubre de 1986. El disco incorporó influencias de new wave y post-punk y construyó un universo sonoro más oscuro y denso.

“Fuegos de octubre”, “Preso en mi ciudad”, “Música para pastillas”, “Motor-psico” y “Ji ji ji” forman parte de un álbum que se convirtió en uno de los emblemas del rock argentino.

La portada, diseñada por Rocambole, también se convirtió en una pieza inseparable de la identidad de la banda.


8. Fito Páez – El amor después del amor (1992)

En 1992 llegó uno de los discos que mejor demuestra que todas estas ramas podían terminar encontrándose.

El amor después del amor fue editado el 1 de junio de 1992 y convirtió a Fito Páez en una de las figuras centrales del rock argentino. El álbum reunió además a numerosos músicos fundamentales de la escena: Spinetta, Charly García, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo y Mercedes Sosa, entre otros.

“Dos días en la vida”, “Un vestido y un amor”, “Tumbas de la gloria”, “La rueda mágica” y “A rodar mi vida” forman parte de un repertorio que atravesó generaciones.

La historia del disco es casi un resumen del árbol genealógico del rock argentino: músicos de distintas generaciones aparecen juntos en una misma obra.


9. Andrés Calamaro – Alta suciedad (1997)

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La rama de Calamaro había empezado mucho antes: Los Abuelos de la Nada, su paso por la banda de Charly García y luego Los Rodríguez fueron etapas fundamentales.

Pero Alta suciedad, editado en 1997, mostró a un Calamaro convertido definitivamente en solista de alcance masivo.

“Flaca”, “Loco”, “Crímenes perfectos”, “Media Verónica” y “Donde manda marinero” combinaron rock, pop, reggae, soul y otros géneros. El propio sitio oficial de Calamaro presenta el álbum como una obra de múltiples influencias y como una nueva etapa de su carrera solista.

Así, otra de las ramas nacidas en el rock de los 80 desembocaba en uno de los grandes discos argentinos de los 90.


10. Sui Generis – Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974)

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Y para completar el árbol hay que volver nuevamente a Charly García, pero esta vez a sus comienzos con Sui Generis.

Pequeñas anécdotas sobre las instituciones fue publicado en diciembre de 1974 y mostró a Charly y Nito Mestre acompañados por Rinaldo Rafanelli y Juan Rodríguez. El grupo abandonó parte de su formato acústico para avanzar hacia un sonido más eléctrico y cercano al rock progresivo.

El álbum también presentó una mirada crítica sobre las instituciones y las estructuras de poder de la Argentina de comienzos de los 70.

“Instituciones”, “El show de los muertos”, “Las increíbles aventuras del Señor Tijeras” y “Para quién canto yo entonces” anticipaban al compositor que pocos años después formaría La Máquina de Hacer Pájaros y posteriormente Serú Girán.


Un árbol que sigue creciendo

Estos diez discos no cuentan toda la historia. Y justamente ahí está la riqueza del rock argentino.

De Almendra nació una de las grandes ramas de Spinetta. De ese universo surgieron Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade y una interminable influencia sobre generaciones posteriores.

Del universo de Sui Generis nació buena parte del recorrido de Charly, que después se conectaría con Serú Girán.

En los 80, Los Abuelos de la Nada funcionaron como un extraordinario punto de encuentro entre Miguel Abuelo, Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Daniel Melingo.

Y mientras Soda Stereo llevaba el rock argentino a toda Latinoamérica, los Redondos construían un fenómeno completamente diferente desde el circuito independiente.

Finalmente, en los 90, Fito Páez y Andrés Calamaro mostraron dos caminos diferentes para llevar esa tradición hacia una nueva generación.

Por eso, más que una lista de discos, este recorrido funciona como un mapa: cada álbum conduce a otro músico, otra banda, otra canción y otra época.

El rock argentino tiene muchas historias. Pero cuando se empiezan a unir los puntos, aparece un enorme árbol genealógico en el que casi todos terminan, de alguna manera, conectados.