Gustavo Santaolalla revolucionó el rock latinoamericano

¿Qué tienen en común Corazones, Ré, La era de la boludez, ¿Dónde jugarán las niñas? y Libertinaje? A simple vista, son discos muy diferentes, nacidos en distintos países y con identidades musicales propias. Pero todos comparten una figura clave detrás de escena: Gustavo Santaolalla, productor, músico y compositor argentino que tuvo un papel fundamental en la transformación del rock latinoamericano.

Santaolalla entendió antes que muchos que el rock en español podía sonar moderno, internacional y contemporáneo sin perder su identidad. Su trabajo como productor ayudó a construir un nuevo lenguaje para una generación de artistas que buscaba romper fronteras y llevar sus canciones mucho más allá de sus países de origen.

Desde Chile hasta México, pasando por Argentina, Santaolalla trabajó con algunos de los nombres más importantes de la música latinoamericana. Su mirada no consistía simplemente en «pulir» el sonido de las bandas, sino en encontrar qué hacía diferente a cada artista y potenciarlo.

¿Quién es Gustavo Santaolalla?

Gustavo Alfredo Santaolalla nació el 19 de agosto de 1951 en Ciudad Jardín Lomas del Palomar, Buenos Aires. Comenzó su carrera musical siendo muy joven y en los años 60 formó Arco Iris, una banda pionera del rock argentino que incorporó elementos del folklore y la música latinoamericana.

Durante la década del 70 continuó explorando la combinación entre rock y sonidos regionales. Más adelante se instaló en Estados Unidos y comenzó a desarrollar una carrera como productor que terminaría siendo decisiva para el llamado rock en español.

En los años 90 creó el sello Surco, desde donde impulsó a numerosos artistas latinoamericanos. Como productor trabajó con bandas y músicos como Los Prisioneros, Café Tacvba, Divididos, Bersuit Vergarabat, Molotov, Julieta Venegas, Juanes, Fobia, Maldita Vecindad y muchos otros. La Ópera de Los Ángeles destaca que Santaolalla produjo más de 100 álbumes de artistas latinoamericanos.

Su carrera también se expandió hacia el cine. Compuso bandas sonoras para películas como Amores perros, 21 gramos, Diarios de motocicleta, Brokeback Mountain y Babel. Más tarde se convirtió también en el compositor de la música de los videojuegos The Last of Us y de su adaptación televisiva.

Su instrumento más asociado es el ronroco, una variante de la familia del charango que se convirtió en una de las marcas sonoras de su obra como compositor.

El productor que transformó el rock latinoamericano

Su gran aporte fue entender que modernizar la música latinoamericana no significaba borrar sus raíces.

Todo lo contrario.

Santaolalla ayudó a demostrar que el folklore, los ritmos populares, la música mexicana, los sonidos andinos o las tradiciones argentinas podían convivir con el rock, la electrónica, el funk y el pop.

Esa filosofía aparece en muchos de los discos que produjo durante los años 90 y principios de los 2000.

Corazones – Los Prisioneros (1990)

El cuarto álbum de estudio de Los Prisioneros marcó un cambio radical respecto del sonido más guitarrero de la banda chilena. Producido por Santaolalla junto con Aníbal Kerpel, Corazones incorporó una fuerte presencia de sintetizadores, cajas de ritmos y elementos electrónicos.

El resultado fue un disco mucho más sofisticado y bailable, pero que mantuvo la mirada crítica y social característica de Jorge González.

Canciones como «Tren al sur», «Estrechez de corazón» y «Por amarte» demostraron que una banda de rock latinoamericana podía experimentar con sonidos electrónicos sin perder personalidad.

La era de la boludez – Divididos (1993)

En Argentina, Santaolalla dejó otra huella decisiva con La era de la boludez, el tercer álbum de Divididos.

El disco encontró un equilibrio entre la potencia del rock de la banda y una fuerte incorporación de elementos del folklore argentino.

«Qué ves?», «Salir a asustar», «La era de la boludez» y la versión de «El arriero», de Atahualpa Yupanqui, son algunos de los momentos más recordados.

La producción ayudó a consolidar una idea que atravesaría buena parte de la carrera de Santaolalla: el rock podía dialogar con las raíces locales sin perder fuerza ni modernidad.

Ré – Café Tacvba (1994)

Si hay un disco que suele aparecer entre los grandes álbumes de la historia del rock latinoamericano, es Ré.

Santaolalla fue fundamental en la consolidación del sonido de Café Tacvba, una banda mexicana que mezclaba rock alternativo con música tradicional de su país y múltiples influencias.

Rock, punk, música popular mexicana, electrónica y experimentación convivieron en un álbum que se convirtió en referencia para numerosos músicos latinoamericanos.

Temas como «Ingrata», «El ciclón» y «Las flores» muestran esa búsqueda de identidad que terminó convirtiendo a Café Tacvba en una de las bandas fundamentales de la música latinoamericana.

¿Dónde jugarán las niñas? – Molotov (1997)

Con Molotov, Santaolalla volvió a trabajar con una banda de identidad completamente particular.

¿Dónde jugarán las niñas? fue el debut de la agrupación mexicana y se convirtió en uno de los discos fundamentales del rock latinoamericano de los años 90.

El álbum combinó rock, funk, rap y hip hop con letras provocadoras y una energía que rompía con las estructuras tradicionales del rock en español.

Canciones como «Gimme Tha Power», «Voto Latino», «Puto» y «Más vale cholo» hicieron de Molotov una banda imposible de encasillar.

Libertinaje – Bersuit Vergarabat (1998)

Otro de los grandes hitos de Santaolalla como productor fue Libertinaje, el álbum que terminó de consolidar a Bersuit Vergarabat.

El disco mezcló rock, murga, cumbia y otros ritmos latinoamericanos con las letras provocadoras y sociales de la banda.

«Sr. Cobranza», «Yo tomo», «Murguita del sur» y «Vuelos» se convirtieron en canciones fundamentales del repertorio de Bersuit.

Santaolalla volvió a aplicar su principal característica como productor: no borrar las influencias populares, sino integrarlas a una producción moderna y potente.

Bueninvento – Julieta Venegas (2000)

La relación de Santaolalla con Julieta Venegas también fue importante para el desarrollo de una de las grandes compositoras de la música latinoamericana contemporánea.

Bueninvento mostró una faceta experimental de la artista mexicana, combinando rock alternativo, pop, electrónica y elementos de la música latinoamericana.

El álbum permitió que Venegas desarrollara una identidad propia mucho antes de convertirse en una de las grandes figuras del pop en español.

Los premios que llevaron su música al mundo

El trabajo de Santaolalla no quedó limitado al ámbito latinoamericano. Su carrera cinematográfica lo convirtió también en uno de los compositores argentinos más reconocidos internacionalmente.

Dos premios Oscar

Santaolalla ganó dos premios Oscar consecutivos a Mejor Banda Sonora Original.

El primero llegó por Brokeback Mountain en 2006 y el segundo por Babel en 2007. La Academia de Hollywood destaca justamente estos dos Oscar consecutivos como uno de los grandes hitos de su carrera.

Con Brokeback Mountain, además, su música quedó asociada a canciones como «A Love That Will Never Grow Old», mientras que Babel volvió a demostrar su capacidad para crear bandas sonoras donde diferentes culturas y sonidos convivían dentro de una misma historia.

Dos premios Grammy

Santaolalla también tiene dos premios Grammy.

El primero fue en 2004, en la categoría Best Latin Rock/Alternative Album, por su trabajo en Cuatro Caminos de Café Tacvba.

El segundo llegó en 2009, en la categoría Best Latin Pop Album, por su trabajo como productor en La vida… es un ratico de Juanes. La Academia de la Grabación registra actualmente esas dos victorias y tres nominaciones en total.

17 Latin Grammy

Su relación con los premios de la música latina es todavía más extensa: Santaolalla acumula 17 Latin Grammy, de acuerdo con la Academia Latina de la Grabación.

Entre sus reconocimientos también se encuentra el Latin Grammy Trustees Award, recibido en 2023, en reconocimiento a su trayectoria y contribución a la música.

También recibió importantes reconocimientos como dos premios BAFTA, un Golden Globe y distintos premios vinculados a su trabajo como compositor y productor.

Un legado que va mucho más allá de los premios

Los premios explican una parte de la historia, pero no toda.

La verdadera dimensión de Santaolalla está en la cantidad de artistas que ayudó a desarrollar y en la manera en que contribuyó a cambiar la percepción de la música latinoamericana.

Con Los Prisioneros, potenció la experimentación electrónica. Con Café Tacvba, ayudó a llevar las raíces mexicanas al rock alternativo. Con Divididos, acompañó el encuentro entre rock y folklore argentino. Con Molotov, capturó una energía irreverente y política. Y con Bersuit Vergarabat, convirtió una mezcla de rock y ritmos populares en un sonido capaz de viajar por toda Latinoamérica.

Su fórmula fue, en definitiva, modernizar sin desarraigar.

Por eso, discos como Corazones, La era de la boludez, Ré, ¿Dónde jugarán las niñas? y Libertinaje siguen siendo fundamentales para entender una época en la que el rock latinoamericano dejó de ser visto como una simple versión en español del rock anglosajón y comenzó a construir un lenguaje propio.

Y quizás ese sea el mayor legado de Gustavo Santaolalla: haber ayudado a que toda una generación de músicos entendiera que sus raíces no eran algo que esconder, sino algo que amplificar.