Después de más de cuatro décadas, Supergirl vuelve a tener una película en solitario. La nueva producción de DC Studios, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por Milly Alcock, no solo marca el regreso de Kara Zor-El a la pantalla grande, sino que también representa una declaración de intenciones para el renovado Universo DC encabezado por James Gunn y Peter Safran. Inspirada en el aclamado cómic Supergirl: Woman of Tomorrow, la película apuesta por una heroína mucho más compleja, emocional y alejada del optimismo tradicional de Superman.
Pero para entender por qué esta nueva versión resulta tan diferente, vale la pena mirar hacia atrás y recordar la única película que había protagonizado hasta ahora: Supergirl (1984).
La Supergirl de 1984: una heroína adelantada a su tiempo
Cuando llegó a los cines en 1984, Supergirl intentó aprovechar el éxito de las películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve. Sin embargo, el resultado estuvo lejos de repetir aquella magia.
Con Helen Slater como Kara Zor-El y Faye Dunaway interpretando a la villana Selena, la historia seguía una estructura clásica de fantasía donde la protagonista debía recuperar un poderoso artefacto mientras descubría su lugar en la Tierra. La ausencia de Superman —prevista inicialmente pero descartada tras la negativa de Christopher Reeve— terminó debilitando la conexión con la saga principal.
Aunque fue recibida con críticas negativas, el paso del tiempo la convirtió en una película de culto. Muchos fanáticos destacan hoy la dulzura de Helen Slater y el tono luminoso que respetaba varios aspectos de los cómics clásicos. Incluso DC reivindicó recientemente que la película era más fiel al material original de lo que suele reconocerse.
Una Kara mucho más humana
La gran diferencia entre ambas versiones está en la protagonista.
La Kara de Helen Slater era ingenua, optimista y descubría el mundo con curiosidad. Era una heroína clásica, construida alrededor de la esperanza y la inocencia.
En cambio, Milly Alcock interpreta a una Supergirl marcada por el trauma. Esta Kara creció viendo desaparecer Krypton, arrastra profundas heridas emocionales y mantiene una relación mucho más conflictiva con la idea de ser una heroína. James Gunn la definió desde el comienzo como una versión más dura y temperamental que Superman, algo que la película desarrolla durante todo su recorrido.
El cambio no responde solamente a una moda de personajes más oscuros. También refleja la evolución del cine de superhéroes, donde las emociones, los conflictos internos y las zonas grises ocupan un lugar tan importante como las escenas de acción.

Del cuento fantástico al western espacial
Visualmente, las diferencias también son enormes.
La película de 1984 seguía la estética colorida y fantástica típica de los filmes de superhéroes de aquella década, con efectos especiales limitados por la tecnología disponible.
La nueva versión lleva a Kara por distintos mundos del espacio en una aventura que mezcla ciencia ficción, western y road movie. La influencia del cómic de Tom King se nota en la estructura del relato, donde cada planeta visitado aporta nuevos desafíos y profundiza el crecimiento de la protagonista.
Craig Gillespie apuesta por un universo mucho más amplio y visualmente ambicioso, alejándose del modelo tradicional de «salvar al mundo» para contar una historia más íntima y centrada en los personajes.

Una película que busca redefinir a Supergirl
Durante muchos años, Supergirl fue vista simplemente como «la prima de Superman». Esta nueva película intenta romper definitivamente con esa idea.
Aunque la presencia de Kal-El sigue siendo importante dentro del nuevo Universo DC, la historia se concentra en construir una identidad propia para Kara. Su viaje no consiste únicamente en derrotar a un villano, sino en descubrir qué tipo de heroína quiere ser y cómo convivir con el peso de su pasado.
Ese enfoque permite diferenciarla claramente del Hombre de Acero y convertirla en uno de los personajes más interesantes de esta nueva etapa de DC.

¿Cuál de las dos es mejor?
La respuesta depende del tipo de historia que busque cada espectador.
La película de 1984 conserva el encanto ingenuo del cine fantástico de los ochenta y sigue siendo una pieza curiosa dentro de la historia de DC. Su valor hoy es principalmente nostálgico y como testimonio de una época en la que las superheroínas casi no tenían espacio en Hollywood.
La versión de 2026, en cambio, aprovecha décadas de evolución del género para ofrecer una protagonista mucho más rica, imperfecta y emocional. No reniega del legado del personaje, sino que lo actualiza para una nueva generación de espectadores. La crítica ha destacado especialmente la interpretación de Milly Alcock y el cambio de tono respecto al resto del universo superheroico, aunque algunas opiniones señalan que la película mantiene ciertas convenciones del género.

Más que un simple reinicio, Supergirl (2026) demuestra que Kara Zor-El puede sostener una historia propia sin vivir a la sombra de Superman. Mientras la película de 1984 abrió un camino que en su momento no fue comprendido, esta nueva versión recoge ese legado y lo transforma en una aventura más madura, emotiva y cinematográficamente ambiciosa.
Quizás la mayor victoria de esta nueva Supergirl sea justamente esa: convencer al público de que Kara nunca necesitó ser «la versión femenina de Superman». Siempre fue una heroína con identidad propia; solo hacía falta una película capaz de demostrarlo.
